sábado, 31 de mayo de 2014

Tras el Blanco y el Negro

La travesía por la policromía es algo aleatoria e intrigante, pero en el fondo siempre recuerdo la monotonía de lo brillante aun sin llama.
La iluminación exterior construye fortalezas de costumbres, que moldean y a su vez ciegan. Cuanto más impregnado en láseres y en personajes estoy más caigo en la monocromía. Aunque no es una verdadera caída, ya que soy parte ese bello y simple paisaje.
El silencio puro, mi anhelo, vaga entre los ruidos que entre punzadas de dolor observo. La belleza aun así de esa oscuridad, que sin embargo ilumina mi ser gloriosamente, me despierta, y me hace parafrasear: “Soy el humano más viejo de la tierra". No me engaño en la metálica urbe, me descargo, para al final volver a esas luces que brillan en un horizonte atenuado. Deslumbrantes veo esos faros de encuentro conmigo mismo, y en realidad yo reluzco en ese instante como el más animal de los pensantes.
La añoranza me guía por el sendero más sencillo, casi una línea recta, y no la engaño, sino que la llamo, la busco, para ser pleno y encontrar todo lo que extraño de mí, y de los universos.
No soy poeta en un campo estrellado, soy humanidad bajo naturaleza; sentimiento de expresión libre en la flor de la existencia, la plenitud del sentido real de lo artificial y lo literal. La historia de siempre que vuelve, quizás, lo que seré siempre.